Una mirada a la pérdida de cabello masculina

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combatir y prevenir o detener los diferentes tipos de calvicie de patrón masculino

Un estu­dio de inves­ti­ga­ción en una uni­ver­si­dad de Norfolk, Virginia, encon­tró que el 84 por cien­to de los hom­bres que sufren de pér­di­da de cabe­llo están preo­cu­pa­dos por la pér­di­da. Describieron sen­ti­mien­tos de impo­ten­cia, vul­ne­ra­bi­li­dad y celos de los hom­bres con un pelo sano y abun­dan­te. Los hom­bres que habían comen­za­do a per­der el cabe­llo a los vein­te años eran más pro­pen­sos a tener pro­ble­mas de baja auto­es­ti­ma.

La pér­di­da de cabe­llo mas­cu­li­na se debe a un des­equi­li­brio hor­mo­nal. El tér­mino médi­co para la cal­vi­cie mas­cu­li­na es alo­pe­cia andro­ge­né­ti­ca. Este tér­mino le ayu­da­rá a com­pren­der los fac­to­res impli­ca­dos en la cal­vi­cie de patrón mas­cu­lino exce­si­vo. El tér­mino andró­geno se refie­re a una de las muchas hor­mo­nas que con­tro­lan la apa­ri­ción y el desa­rro­llo de las carac­te­rís­ti­cas mas­cu­li­nas. Un ejem­plo es la tes­tos­te­ro­na. La gené­ti­ca se refie­re a la heren­cia, es decir, la heren­cia de los genes ya sea de la madre o del padre. La alo­pe­cia sim­ple­men­te sig­ni­fi­ca la pér­di­da de cabe­llo. Así que se podría decir que la pér­di­da de cabe­llo en el hom­bre ocu­rre debi­do a las hor­mo­nas mas­cu­li­nas que están influen­cia­das por la heren­cia gené­ti­ca.

La DHT (tes­tos­te­ro­na y 5‑al­fa-reduc­ta­sa) es una hor­mo­na natu­ral que ayu­da al desa­rro­llo sexual. Los cam­bios gené­ti­cos cau­san cam­bios en los folícu­los pilo­sos en cier­tos hom­bres des­pués de la puber­tad, en los sitios recep­to­res espe­cí­fi­cos de andró­ge­nos en los folícu­los que regu­lan el cre­ci­mien­to salu­da­ble del cabe­llo. Dado que los nive­les de DHT aumen­tan con la edad en los hom­bres, la unión a los sitios recep­to­res de los folícu­los aumen­ta. Esto con­du­ce a un des­equi­li­brio en los pro­ce­sos bio­ló­gi­cos de los folícu­los pilo­sos más sen­si­bles. Lentamente, los folícu­los comien­zan a rom­per­se a medi­da que la DHT se acu­mu­la en el sitio, cau­san­do que el cabe­llo se vuel­va más del­ga­do y cor­to nue­va­men­te, y even­tual­men­te se vuel­ve tan del­ga­do y cor­to que ya no es visi­ble.

El esque­ma de Hamilton-Norwood divi­de la pér­di­da de cabe­llo andro­ge­né­ti­co mas­cu­lino en dife­ren­tes eta­pas, que se cla­si­fi­can en sie­te eta­pas. Esta cla­si­fi­ca­ción de pro­gre­sión esque­ma­ti­za­da fue desa­rro­lla­da en 1951 por James Hamilton. O’Tar Norwood la modi­fi­có y amplió en 1975.

Los hom­bres pier­den el cabe­llo de dife­ren­tes mane­ras depen­dien­do de su pre­dis­po­si­ción gené­ti­ca. En el caso de la pér­di­da de pelo en el hom­bre, se pue­de obser­var gene­ral­men­te una retrac­ción en las sie­nes, una pér­di­da en la par­te supe­rior de la cabe­za y un adel­ga­za­mien­to del pelo en una gran área. Estos patro­nes se iden­ti­fi­can en la lla­ma­da esca­la de Norwood, que cla­si­fi­ca los dife­ren­tes tipos de pér­di­da de cabe­llo.

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